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Dedicatoria

A todas aquellas mujeres que al no quedarse con nosotros hicieron este sue?o posible.

A todos aquellos que con su ignorancia nos siguen haciendo superiores.

A nuestras madres.

Y a nadie más.



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jueves, octubre 27, 2005



El juez y el verdugo.


-Try a little tenderness...
-Mmm, no, I can´t...

-O.k,

-0.k? I don´t know whichever deaths are necessary, its so easy...

-You must be a little more human, kinder, more comprehensive...

-At this point I cannot, the things need to change and to become, but to be done, done well. I need to cure, to heal to the humanity, although I am a sick... that´s everything...
Dialog between the judge and the twig punisher.

Mirando las noticias me enteré de dos cosas que cambiaron mi vida por completo, la primera fue acerca de algunos estúpidos pandilleros que se congregaban por las noches en sesiones de iniciación para sus nuevos aspirantes a integrantes, y del procedimiento que seguían en tales absurdas sesiones iniciaticas. Lo segundo, de los robos impunes que los políticos hacen a diestra y siniestra al dirigir las ganancias producto del comercio de petróleo hacia los sueldos que ellos mismos perciben...

Entonces, harto de la ignominia y la impunidad imperantes, me decidí a tomar la iniciativa para cambiar un poco las cosas.
Primero me enteré adecuadamente de cómo operaban dichas bandas, y en qué círculos se hacían esos movimientos en los cuales podía yo integrarme más fácilmente, para no demorar con mis ganas de saldar las cuentas. No fue por cierto muy difícil integrarme entre una banda de fanáticos idiotizados para saber hasta dónde llegaban sus métodos y hacia donde iban sus imbéciles aspiraciones de poder y reconocimiento.

Para lo segundo fue un poco más lento el proceso donde me integré como nuevo involucrado, pero igual de absurdo en el comportamiento que absorto observé durante meses, en los cuales me tuve que volver uno de ellos, gastando hasta lo que no tenía con tal de seguirles el paso, pero ya encarrerado el gato… pues que se las arregle solas el ratón, ?cierto? Ya con la confianza de los pudientes y con los modos de operación de los aspirantes a bandoleros, fui numerosamente la víctima de sus ataques carreteros, donde al ir a las 12:00 a.m. manejando y seguro de lo que debía hacer, me dediqué a seguir su juego, ellos se encargarían entonces de caer en la trampa que ellos mismos colocaban.

El asunto iniciático consistía en una prueba donde el aspirante conducía un automóvil sin luces por la noche a altas horas, entonces al primer sujeto que al venir en sentido contrario le subiera las luces para que encendiera las propias, era perseguido por el aspirante, que dando inmediatamente vuelta le daba alcance y muerte a todos los que fueran en ese auto que por atento se llenaba de infortunio.


Yo amablemente me ofrecía a llevar a su domicilio a cada uno de los acaudalados que parrandeaban conmigo creyéndome su compa?ero de borracheras, entonces en sus autos tomaba siempre la misma ruta donde sabía me encontraría con los iniciados, era entonces que así al indicarles llevaban las luces apagadas, se daban a la tarea de perseguirme, y era hasta ese momento donde mis aturdidos acompa?antes no sabían cómo empezaba la cosa, pero ya con el susto eran muy conciente de la suerte que les esperaba justo antes de morir a manos de los jovencitos que nos daban alcance después de que estrellase el coche contra algún árbol o malla de contención, y haciéndome el muerto sobre el volante o tirándome por el camino lejos de su alcance, descendían de su vehículo y disparaban a quemarropa a mis acompa?antes.


Yo no los mataba, pero después de todo los llevaba a una muerte segura, donde por cierto en más de una ocasión me tocó algún disparo al quedarme en el auto, pero protegido por un chaleco corrí la suerte de que nunca apuntaran a mi cabeza. Los más altos mandatarios sucumbían ante el calor de una piernas diferentes a las de sus esposas, el placer que da la impunidad de tener lo que los demás desean, o las ganas de hacer de las suyas al resguardo de la noche, porque aún y con sus guarda espaldas, todos corrían la misma suerte…


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por: Lic. en G. Thot Kinji @ 21:43