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Dedicatoria

A todas aquellas mujeres que al no quedarse con nosotros hicieron este sue?o posible.

A todos aquellos que con su ignorancia nos siguen haciendo superiores.

A nuestras madres.

Y a nadie más.



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lunes, mayo 02, 2005



El coleccionista de estuches de corazones y cápsulas rotas.

Era su forma de no extra?arlas… les pedía romper las cápsulas que desataban o restringían el deseo estorbándole al pasar, cuando quería llegar más adentro. Ellas le regalaban el estuche negro donde guardaban su siempre cautivo y a veces roto corazón. Él guardaba secretamente las cápsulas rotas y las atesoraba durante el tiempo que considerara suficiente bajo su cama. Todo empezó como un simple capricho y se tornó una obsesión.

Les llamaba una por una tras la impunidad de la noche y la distancia, las citaba por separado, y era entonces cuando empezaba a perder la razón, quería volver al principio pero no encontraba el camino de la redención. No había motivo más allá del placer, no había razones para hacerlo más allá del querer y poder, la impunidad recorre el mundo en manos de muy pocos, y él disfrutó deleitándose del amor que sus mujeres le brindaron, y los recuerdos cristalizados estaban noche tras noche en sus solitarias manos.

Invariablemente lo abandonaban, más de tres meses nunca aguantaban, y a él le daba tiempo de sobra como para enamorarse y hasta comerse los cabellos de la amada en turno que entre sus ropas encontrara, era como tener dentro de sí mismo algo de cada una de ellas. Las cápsulas telares floreadas, satinadas y opacas crujían entre sus manos, las estiraba con pasión y algo de resentimiento, escuchaba como tronaban los hilos de seda y sentía como su alma despertaba de un letargo impuesto por la prudencia y la cortesía.

De noche ya solo como siempre recordaba dificilmente los rostros de sus amadas, y una por una las iba invocando, olía los estuches marcados con aromas avejentados y difusos a madera y fruta quemada, cerraba los ojos y de nuevo estiraba uno a uno los restos de las sucias cápsulas... Cuando se cansaba de esperar a que volvieran, sacaba del armario las viejas y desgarradas prendas de su necio empe?o de no olidar y le daba entonces por deshacerse de todo, entonces las tiraba y salía en busca de nuevas dondellas que sus cofres le regalaran, pero nunca dejó de sentirse irremediablemente solo.


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por: Lic. en G. Thot Kinji @ 22:39