A todas aquellas mujeres que al no quedarse con nosotros hicieron este sue?o posible.
A todos aquellos que con su ignorancia nos siguen haciendo superiores.
A nuestras madres.
Y a nadie más.
Misantropía
Bienvenidos Todos
Antes de tu partida, un sue?o.
Indudablemente estaba so?ando, porque me encontraba despertando en una cama antes vacía, junto a tu hermoso y blanquecino cuerpo lampi?o, me restregué los ojos y al contemplarte noté dormías aún.Pero me dabas la espalda, blanca y tersa, descubierta y embarrada de un dócil cabello que lacio caía sobre tu alargado cuello, y tu hombro desnudo con un solo tirante sostenido.Respirabas profundamente, cuando de pronto te estremeciste entre sue?os y empezaste a hablar.
-Muerdeme- dijiste. En aquel silencio tu voz sonó como un relámpago suplicante.
-?Perdón? ?Estabas despierta?- Pregunté.
-Claro tonto, que me muerdas dije-susurraste como sublime tentación.
-No, no puedo, ?no dices que no te gusta que te deje marcas?- Pretexté.
-Pero ahora quiero que me muerdas, házmelo ahora mismo, como me habías pedido y no quise- Musitaste complaciente.
-?Y, si nos escuchan?
-?No oyes que roncan?
-Pues...?la verdad? no- en silencio contesté musitando.
-Anda, ?no me vas a quitar mi calzón? ?me lo dejo? o ?me lo quito yo?
-Déjatelo.
-O ?quieres romperlo?
-Sí, si quiero- susurré.
-Puedes, pero no hagas mucho ruido.
-?De verdad?- te interrumpí.
-Sí, o ?que no quieres?
-Claro que quiero.
-?Entonces?- Inquiriste.
-Va. Dos segundos más tarde comencé a acariciarte y a besarte la nuca y la espalda, te rodee con mi brazo izquierdo y mientras, con el derecho sujetaba tu cabello entre mis dedos.Bajé la mano y en un sólo gesto sujeté tus bragas jalándolas para que me permitieran entrar.
-Muérdeme- dijiste, y te diste la vuelta dejando tu pecho desnudo a la altura de mi boca.
-?Así?- pregunté, y comencé a morderte la clavícula, el cuello y la barba, bajé nuevamente hasta tus duros pezones y succionando fuertemente, te abarqué hasta donde te mordí la más carne que pude.
-Sí, así, más...
-(?Más?)- Pensé, pero te hice caso, y mi saliva se confundió con tu sangre, pero no me detuve, mientras te penetraba y tirabas de mi cabello, arqueándote de dolor y placer, para que nos integráramos completamente.Estábamos sudando y la cama rechinaba, pero no podía ni quería detenerme, los calambres en las piernas me indicaban que estaba a punto de alcanzarlo.
-?Quiero llegar contigo!-Dijiste entre sacudidas y embestidas rítmicas.-No te detengas, sigue.
-Sí...
-?No importa?
-No, tu sigue, pero te corres fuera- dijiste.
-Sí.- Pero era demasiado tarde, lo había hecho ya, de pronto empecé a reírme y te detuviste.
-?Otro clambre?
-Sí- Mentí, estaba vaciándome todo y seguía dentro, gozando como nunca.
-?Ya llegaste?- te pregunté.
-En eso estoy... ya, ya.
-O.k.- entonces me salí.-Terminaste-Aseguraste tú.
-Casi, pero estuvo bien-Dije (Más que bien, excelente) pensé.
-?Pero llegaste? ?o no?
-Que sí- te dije, mientras recogías los jirones de tu ropa interior y te vestías de nuevo.Me sequé y te dí las buenas noches, pero ya estabas dormida, quise pensar que agotada.Indudablemente estaba so?ando, porque al despertar no había más que un cadáver mordisqueado a mi lado, y yo tenía polvo de sangre en las manos y dientes, pero en mi busto no había marcas, y yo estaba sola. Tú, por fín dejaste de roncar...